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Jaime de Marichalar: el yerno “repudiado” que defiende a Don Juan Carlos

Jaime de Marichalar: el yerno “repudiado” que defiende a Don Juan Carlos

Fecha: 27 Julio 2020 08:08

No se deja ver demasiado y prefiere no dar carne a la prensa, aunque ha roto su silencio mediante una carta en la que apoya al emérito

Nada se sabía de Jaime Marichalar desde que comenzó el Estado de Alarma en España por la pandemia del Coronavirus. Sí el paradero de sus hijos y de la duquesa de Lugo. Froilán y Victoria buscaron refugios alternativos a los domicilios familiares. El primogénito lo hizo en el hotel boutique propiedad de los Parlade en Benhavis, y la hermana con su novio en El Derramadero, la finca propiedad de la familia Rodríguez Avial en la Sierra de Cazorla.

La infanta Elena salía todos los días a las ocho a su terraza para aplaudir y después paseaba al perro, en cambio no había ni rastro de Marichalar y las agencias que hacían guardia en la puerta de la casa del barrio de Salamanca nunca obtuvieron una imagen de él. Las luces de su casa se encendían al atardecer; sin embargo, nadie salía a las ventanas para homenajear a los sanitarios ni para otro menester. Hubo varias pistas de su recorrido durante el confinamiento, pero ninguna fotografía.

Entre los posibles anfitriones se encontraban el joyero Esteban Rabat y su mujer Rosa Mairal con los que mantiene una profunda amistad. De hecho fue padrino de la segunda boda de ambos. Jaime los había conocido bastante tiempo antes de que Mairal apareciese en escena, cuando estos decidieron abrir una filial en la calle Serrano, una de las zonas favoritas del ex de la infanta Elena a la hora de ir de compras.

Jaime de Marichalar leave the Maestranza in Seville, February 20, 2020 Seville/Foto: CRISTOBAL_DUENAS/GTRES

El apoyo de los Rabat

Sus visitas a la tienda crearon un estrecho lazo con María Dolores, a la que todos llamaban Cuca. Cuando esta falleció, dejando viudo al joyero, fue un importante punto de apoyo para la familia y siguió manteniendo un vínculo especial hasta tal punto que se hizo íntimo de Rosa, con la que es habitual que compartan primera fila en los desfiles de moda.

En vacaciones, los Rabat son también los perfectos anfitriones del ex duque, que navega por aguas baleares con los joyeros, de ahí que resulte comprensible que haya pasado la pandemia con ellos en su masía del Ampurdá. Todo puede ser en la vida de Jaime Marichalar, que ha elegido estos últimos años ser casi invisibles en las fiestas sociales de Madrid. Salvo las convocatorias de Rabat y las que promueven las firmas propiedad de Isak Andic, a las que acude, el resto de las fiestas públicas las obvia.

Esta discreción de los últimos tiempos solo la ha roto para defender a su hijo Froilán de acusaciones e informaciones que no eran ciertas. Por ejemplo, sobre temas relacionados con los estudios: «Mi hijo no es buen estudiante pero no ha tripitido», aseguraba, como tampoco era verdad la discusión con un joven asiático al que decían que había insultado: «No ha podido tener una bronca ni con un chino ni con nadie porque no ha estado en el lugar que dicen», explicaba. Y un tercer desmentido se produjo cuando colocaron al nieto preferido de Don Juan Carlos como seguidor de Pablo Iglesias. Marichalar volvió a negar esa querencia de su primogénito.

Jaime de Marichalar con Felipe Juan Froilán

Aparte de estas declaraciones el ex duque se ha mantenido en su línea de no dar qué hablar. Por eso ha llamado la atención la carta en la que públicamente defiende al que fuera su suegro y abuelo de sus hijos y que titula «Yo estoy con su Majestad el Rey Juan Carlos I». Este apoyo en unos momentos en que el monarca jubilado se encuentra en la cuerda floja sorprende por varias razones. La primera porque ha sido el primero y único en hacerlo cuando su relación con la familia Borbón es prácticamente nula. En segundo lugar porque hace unos años, cuando apareció Corina Larsen en escena, recabé su opinión sobre el tema. Sus respuestas fueron contundentes como se pueden leer a continuación. La primera cuestión que le planteé era clara y directa: ¿Qué le parece que se publiquen conversaciones privadas del Rey? Su respuesta también lo fue: «No entiendo este ataque injustificado e injusto hacia la Corona. ¿Cómo se puede hacer esto? ¿A quién le interesa si ha tenido amistades o no el Rey? Me parece inadmisible y todo esto empaña la imagen de España. ¿Qué está pasando? Solo suceden estas cosas en las películas donde aparecen repúblicas bananeras. Su imagen fuera de España es impecable y aquí se la quieren cargar. No lo entiendo».

Incluso con respecto a su comparación de república bananera por publicarse la intimidad real fue más explicito y comentaría (sin ningún tipo de presión) que sus amistades extranjeras estaban impresionadas porque en España los medios reflejaran la historia. Aseguraba que «no lo entendían por el gran servicio del monarca al país durante todos estos años». Días después negaba estas declaraciones seguramente al haber recibido presiones desde el palacio de la Zarzuela, pero lo dicho, dicho quedaba. Ahora ha vuelto a repetir esa defensa mostrando su fidelidad y lealtad que no fueron recíprocas en los tiempo en los que compartió vida con los inquilinos de La Zarzuela.

El recelo de Doña Sofía

La Reina acompañada por el jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno, a su salida del domicilio de la familia Marichalar

La periodista Carmen Enríquez en su libro en «Sofía nuestra reina», narra lo que opinaba Doña Sofía del marido de su hija: «La Reina no estuvo nunca muy convencida de que Jaime de Marichalar se casara con su hija por amor, sino que siempre creyó que le movieron otros intereses. A lo que hay que añadir que no le gustaba el trato que su hija recibió de su marido durante el tiempo que estuvieron unidos en matrimonio».

Y no solo ella. Don Juan Carlos tenía bastante más sintonía con Urdangarín en su faceta deportiva que con el duque de Lugo, al que consideraba estrafalario por su manera de vestir. Siempre prefirió al yerno deportista y no soportaba que a su hija la llamara «madame» en las reuniones domésticas.

La hoy Reina Letizia era la única que le daba cancha en las reuniones familiares. Cuando murió Concepción Saénz de Tejada la entonces princesa se acercó hasta la casa de la Moraleja para dar el pésame a la familia Marichalar. Aseguran que ese detalle no olvida.


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