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Isabel Preysler: la mujer anuncio que cobra más que Vargas Llosa

Isabel Preysler: la mujer anuncio que cobra más que Vargas Llosa

Fecha: 23 Febrero 2020 04:04

Acaba de cumplir 69 años con una biografía afectiva y sentimental poco convencional. En su currículum vital hay tres maridos, un novio, cinco hijos, seis nietos y contratos millonarios que se mantienen en el tiempo

Acaba de cumplir 69 años y sigue siendo la reina de corazones y de los contratos millonarios. El único fallo comercial que se conoce fue su aventura con las cremas que no funcionó. Su nombre no resultó suficiente para atraer a un público femenino que no se rindió a su poder mediático y los productos desaparecieron de la noche a la mañana. Su hijo Enrique Iglesias fue según se dijo en aquellas fechas su avalista y Ana Boyer la que se encargó de un plan de negocios que no funcionó. Hubo reportajes y presentaciones en la mansión de Puerta de Hierro, donde la protagonista explicaba las bondades del producto. La dama por excelencia del papel satinado hizo suyo el refrán de zapatero a tus zapatos y no volvió a intentar aventuras empresariales. Ella es un negocio en sí misma y los responsables de marketing y de las agencias de comunicación lo saben. De ahí que reciba ofertas millonarias por promocionar determinadas marcas. La última ha sido la firma Pedro del Hierro, que en su estrategia de renovación pensó en ella como imagen en vez de elegir a una jovencita influencer. Que con más de seis décadas a sus espaldas y abuela de seis nietos haya sido la elegida cuenta a su favor. Las cuestiones que rodean su economía son difíciles de cuantificar. Hay informaciones que barajan cifras cercanas al millón de euros mensuales, como aseguraba el añorado Pepe Oneto a ‘Informalia’ explicando que la reina de corazones ingresaba más dinero que su pareja Mario Vargas Llosa. Firmas como Tot-Hom, Rabat, Suárez, Ferrero Rocher y, por supuesto, Porcelanosa encontraron en ella su mejor embajadora. Con la firma de azulejos mantiene su contrato desde 1985. Una relación comercial que a lo largo del tiempo ha evolucionado y ya es también afectiva. “No hay ningún personaje en España que mantenga desde hace años esa actualidad. Un perfil de mujer patrocinada que hace que las convocatorias en las que participa sean siempre multitudinarias por parte de la Prensa”, aseguran responsables de comunicación. El histórico vital de Isabel tiene mucho que ver en su proyección pública. Un arte innato para la seducción que heredó de su abuela Teodorica Ramos, que nació en la hacienda de Lubao en Filipinas. A ese lugar acudían los padres de Isabel Preysler –Carlos y Betty– con sus hijos durante los meses sofocantes del verano tropical. En esos años infantiles se referían a ella como Chabely, apelativo que después heredaría su primogénita.

Isabel Preysler

Una transformación sin fin

Cejas

Se ha hecho una micropigmentación en cejas. Se aprecia una diferencia de anchura de antes a ahora. El rediseño le agranda la mirada.

Pómulos

Elevación mediante infiltración de toxina botulínica. Además ha recurrido a los hilos tensores para recuperar el óvalo facial.

Nariz

Se ha sometido a varias rinoplastias, y aunque ella nunca lo ha reconocido, es el retoque estético más evidente de su rostro.

Boca

La socialité tenía la sonrisa amarillenta. Optó por unas carillas dentales así como una hidratación y perfilado de los labios con ácido hialurónico.

Pecho

Se sometió a un aumento de senos, muy discreto, además de recurrir a inyecciones de plasma rico en plaquetas para el escote.

Glúteos

A pesar de tener una figura envidiable a su edad, Isabel Preysler ha recurrido también a la elevación de glúteos.
Isabel Preysler

Malas compañías

En 1969 Isabel Preysler desandó el camino que en el siglo XIX iniciaron sus bisabuelos Joaquín y Natalia Preysler, que llegaron primero a España desde Centroeuropea para emigrar después a Filipinas, y el navarro Valentín Arrastia, que se dedicaba al campo. Un novio poco recomendable con perfil de playboy fue el detonante para que mamá Betty Arrastia decidiera enviar a su hija a España para alejarla de las malas compañías. Isabel tenía 18 años.

Esta mezcla de ADN es quizá la marca de agua de la personalidad seductora de Isabel. Al menos, así lo reconocía Julio Iglesias que se quedó prendado de la bella filipina cuando la conoció en una fiesta a la que acudió acompañada de Julio Ayesa, que a su vez era muy amigo del incipiente artista, organizada en casa de Juan Olmedilla en honor de la bailaora Manuela Vargas. Marta Oswald fue en realidad la verdadera introductora de Isabel en la llamada buena sociedad de aquellos años y se constituyó en su pigmalión, papel atribuido erróneamente a Carmen Martínez-Bordiú. A partir de esa fiesta Julio y Isabel congeniaron. Después vendría el embarazo, la boda y una vida en común que acabó en divorcio. Los triunfos profesionales de Julio Iglesias y el dinero llegarían muchos años después. Isabel decide separase por las contínua infidelidades de su marido. Como contaba Alfredo Fraile, “Isabel fue la perfecta compañera de viaje. La recuerdo embarazada de Chabely y viajando en autobús en las giras que hacíamos en aquellos primeros años. No se benefició en absoluto de los tiempos dorados de Julio y lo podría haber hecho”. Tamara también contaría las razones de ese divorcio e incluso el de su padre, el marqués de Griñón. “Tío Julio le fue infiel a mami y mami le tuvo que abandonar. Era desleal. Sabía que iba a ser así siempre”. Y Julio Iglesias no cambió. No fue buen marido, ni buen padre en el sentido de dedicarles tiempo. “Mis hijos son como perros callejeros”, diría a quien esto firma en una entrevista para explicar gráficamente esa poca dedicación a los tres hijos. Por parte de Isabel los colaboradores del cantante siempre han confirmado que “ha estado pendiente de ellos y se ha preocupado de que estuvieran en buenas manos. La relación es casi perfecta. La adoran”. De aquella etapa era el famoso cheque Chabely, que así denominaban a los seis mil euros que Julio enviaba para la manutención de los tres pequeños. Después llegó el marqués de Griñón. La madre de Julio fue precisamente la primera que intuyó que había más que una amistad cuando coincidió con los dos en el garaje de la casa de San Francisco de Sales, el primer hogar familiar. Después Isabel compraría el chalet de Arga, que se convirtió en sede de paparazzi y reporteros. Los marqueses de Griñón duraron juntos tres años. En ese último verano familiar en Marbella, Miguel Boyer y su mujer, Elena Arnedo, coincidían con Isabel y Carlos Falcó. Las parejas desconocían esa conexión galáctica entre sus parejas respectivas. Tamara explicó años después a Bertín Osborne por qué no había funcionado ese matrimonio que se celebró en la finca de Casa de Vacas en marzo de 1980. “Mami no estaba enamorada”.

Comidilla política

Miguel Boyer y su esposa Isabel Preysler

La niña tenía tres años cuando irrumpió como un tornado Miguel Boyer en la vida de la que ya era “La Reina de corazones”. El vicepresidente del Gobierno de Felipe González y todopoderoso ministro de Hacienda y su romance de valentía se convirtió en la comidilla de las reuniones sociales y sobre todo políticas donde Alfonso Guerra no daba puntada sin hilo. Era también vicepresidente y sus enfrentamientos con Boyer fueron habituales. Se rumoreó que de su entorno salió la filtración de la relación que mantenían el político socialista y la dama. E incluso los encuentros clandestinos en el Ministerio. Como ya había sucedido también con el marqués de Griñon, Boyer se instala en la casa de su enamorada y se convierte en “tío” Miguel para los cuatro hijos de la que se convertiría en su mujer en 1988. Como sucedió con los anteriores matrimonios, Isabel se quedó embarazada de Ana y nunca más hubo un cuarto marido. La enfermedad de Boyer fue una prueba de fuego en la estabilidad de la pareja. Isabel se dedicó a él en cuerpo y alma. Antes de que se hiciera pública su relación con Mario Vargas Llosa en 2015, hubo unas fotos que se hicieron en casa de Enrique en Miami. Cinco años después siguen juntos.

Isabel Preysler y el escritor peruano Mario Vargas Llosa.


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