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El amor más triste de Pablo Neruda

El amor más triste de Pablo Neruda

Fecha: 11 Diciembre 2019 03:12

"Me adentré tanto en el alma y la vida de esa gente, que me enamoré de una nativa. Se vestía como una inglesa y su nombre de calle era Josie Bliss. Pero en la intimidad de su casa, que pronto compartí, se despojaba de tales prendas y de tal nombre para usar su deslumbrante sarong y su recóndito nombre birmano".

Así recuerda Pablo Neruda en sus memorias, 'Confieso que he vivido', a la muchacha de la que meses después huyó, ella loca de amor, él con tanto miedo a su pasión que se fue sin despedirse en una madrugada. Apenas dejó una nota. Meses después escribió aquel desajuste en el poema 'Tango del viudo', que arranca con la vergüenza del fugado: 'Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia,/ y habrás insultado el recuerdo de mi madre/ llamándola perra podrida y madre de perros,/ ya habrás bebido sola,solitaria, el té del atardecer/ mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre,/ y ya no podrás recordar mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas/ sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún...'

Pablo Neruda, nacido como Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto el 12 de julio de1904, criado por sus abuelos por la repentina muerte de su madre dos meses después, el adolescente que con 13 publicó su primer texto en el diario 'La Mañana' de Temuco (Chile), con conocimientos de inglés y francés, partió en barco rumbo a Rangún, entonces parte del Imperio Británico, para tomar posesión como cónsul de elección y de tercera clase en 1927. Quien luego sería Premio Nobel (1971) y Premio Lenin de la paz (1953) deseaba salir de Santiago de Chile como fuera. "En Santiago parecía que iba a pasar algo, pero nunca pasaba nada", escribe Jorge Edwards en 'Oh, maligna' (Acantilado), el reciente libro donde novela todo este despropósito.

Por mediación de un amigo logró una audiencia ante un ministro de Asuntos Exteriores, que conocía y valoraba sus poemas (ya había publicado Veinte poemas de amor y una canción desesperada). Le ofreció varias ciudades del mundo "de las cuales sólo alcancé a pescar un nombre que nunca había oído ni leído antes: Rangún", según cuenta el propio Neruda en sus memorias, Confieso que he vivido. En junio de 1927, junto a su amigo Álvaro Hinojosa, partió a bordo del buque Baden. Tocaron puerto en Lisboa, cruzaron Madrid y París, donde conoció a César Vallejo, hasta llegar a aquel rincón del universo.

La mirada de fuego

"Yo no había venido a Oriente a convivir con colonizadores, sino con el antiguo espíritu de aquel mundo", escribió el poeta. Y tanto. En el bar que frecuentaban los ingleses, Neruda se fijó en una muchacha "con una mirada de fuego", relata Edwards. "La birmana [era] delgada, de brazos perfectos, bronceados, vestida con un sarong azul oscuro, con un broche en forma de escarabajo de varios colores en el pelo". Era una mujer inglesa de día, pues trabajaba para la administración colonial, y birmana de noche.

Neruda acaba de cumplir 24 años, fuma en pipa de espuma y está empezando a cambiarse Neftalí Ricardo por Pablo, pero allí, en la lejana Birmania, recuerda cuando de niño conversó con la directora del Liceo de Niñas de Tamuco. Se llamba Gabriela Mistral. La también futuro Premio Nobel de Literatura de 1945 le prestó libros y él le enseñaba sus poemas. Ahora sólo habla inglés, apenas recuerda el español cuando recibe alguna carta. Ni siquiera puede hablar con su amigo Álvaro Hinojosa porque empeñado en hacerse actor se ha trasladado a los estudios de cine Calcuta (aunque fracasaría y acabó de profesor en Estados Unidos).

Jossie Bliss. Bliss, le explica, quiere decir éxtasis erótico, quizá también éxtasis religioso. Aún no la llamará la Maligna o la Furiosa. Josie Bliss vive en un barrio nativo, de puestos de frutas multicolores, pero trabaja para los ingleses. Por necesidad. A la vez, es una conspiradora y forma parte de movimientos de resistencia clandestina. Pero esto todavía el poeta no lo sabe. El poeta es un presumido. Calza zapatos de dos colores y también alterna en fiestas de los ingleses cuando lo invitan. Allí conoce a una chica que se llama Rosie. Rosie, tan parecido a Josie. Bailan, intiman. De regreso a casa, Josie sabe que algo ha pasado. Es el primer chaparrón del vendaval que caerá más tarde. En el fondo late la amargura de la caída en desgracia de sus padres, del destronamiento de los reyes de Birmania por el ejército de Londres.

El poeta acude a su oficina. Teclea informes en una Underwood con papeles de calco. Empieza a sopesar que quizá lo mejor sea un cambio de destino. No está del todo claro qué ocurrió. Jorge Edwards cuenta que le comunican oficialmente un posible traslado a Colombo, la capital de Ceilán.¿Es una respuesta a una petición suya, una coincidencia? Palabras de Edwards: "Ya estaba empezando a separarse de Josie con la imaginación, y lo hacía con un sentimiento íntimo de traición, de puñalada por la espalda".

Perdóname Josie

Ocurrió. Ocurrió que él se fue, que le escribió una nota, la carta a la que se alude en el poema. "Josie, mi Josie. Como creo que ya adivinas, tengo que separarme de ti, no puedo evitarlo, aunque mi cuerpo, mi corazón, mis entrañas me piden, me gritan, que no me separe de ti. Si no me alejara, terminarías por matarme con ese cuchillo de cocina o yo te mataría con ese mismo cuchillo".

Según el poeta ella ha esgrimido ese cuchillo mientras duerme. Ha sentido miedo. Lo que siente esa mujer es excesivo, raya la locura. "Somos enteramente incompatibles(...) Perdóname Josie. Huyo para poder vivir (...) Quiero y necesito vivir", agrega en la carta, que colocó debajo del cocotero más grande del jardín de la casa de Josie. En la mesa de la cocina, una nota indicando dónde está la carta, debajo de una piedra a la vera del cocotero. Deja las llaves y se va. Se va como si fuera a la oficina, pero se dirige al barco, que finalmente zarpa a Calcuta donde vería a su amigo y de allí, había planeado, cogería otro hacia Colombo (Ceilán).

Neruda se ha llevado, siempre según la novela de Jorge Edwards, toda la obra de Shakespeare en inglés en papel biblia, poemas de Thomas Hardy, Rudyard Kipling y prosas y cuentos de Oscar Wilde, novelas de Salgari, versos de Leopoldo Lugones, de Amado Nervo, de Humberto Díaz Casanova en español, claro. Ha puesto tierra y mar de por medio. Allí tiene hasta un muchacho nativo que le hace de chico para todo que le convence de que haya en la casa una mangosta que haga frente a las cobras. Frecuenta un club de ingleses. Uno de ellos le presta libros de T.S. Eliot, que le fascina y que de algún modo, algunos versos, le recuerda a su admirado Baudelaire. En Ceilán descubre que por allí incluso ha pasado Leonard Woolf, que acabaría casándose con Virginia Stephen, más conocida como Virginia Woolf.

El poeta no sabe que Josie, la birmana,"la feminista, la nacionalista, la furiosamente antibritánica" le ha seguido. Pronto sabrá que ahora vive enfrente de su casa, desde donde le espía, desde donde en silencio vigila y acecha sus encuentros con sus nuevas amigas inglesas. Incluso lanza piedras y le insulta a gritos cuando intuye los momentos más delicados. Y así más de una vez, hasta que una de ellas consigue, a través de su trabajo como funcionaria, que la expulsen del país. Antes, Josie le ha rogado de rodillas. Fin.

Jorge Edwards, que también es autor del muy aconsejable ensayo Adiós, poeta (Premio Comillas) incluye en 'Oh, maligna' un episodio, una conversación, quizá sin venir muy a cuento, de Neruda con un periodista francés donde aborda su compromiso político. Le recuerda el reportero que escribió 'Oda a Stalin', que era un estalinista convencido y una carta abierta de los intelectuales y artistas cubanos publicada en 1966 en que le atacaban. El poeta dijo: 'Je me suis trompé". Me equivoqué. Jorge Edwards, dice, estaba delante. ¿Se equivocó también con Josie Bliss?


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