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El póker de la reunificación alemana tras la caída del Muro de Berlín: Kohl, Gorbachov, Bush y Modrow

El póker de la reunificación alemana tras la caída del Muro de Berlín: Kohl, Gorbachov, Bush y Modrow

Fecha: 14 Noviembre 2019 17:12

La vida cuando el muro. Berlín: la ciudad de los niños perdidos La Europa iliberal. Cómo Occidente perdió la Paz Fría

La noche que cayó el Muro, alrededor de 68.000 berlineses del Este cruzaron a pie hacia el Oeste. También 9.700 coches. Muchos más por otros pasos fronterizos. La estampida acababa de comenzar. El póker formado por Kohl, Modrow, Gorbachov y Bush -canciller de la RFA, líder de la RDA y presidentes soviético y norteamericano- comenzó en seguida a preparar el día después.

El derrumbe definitivo del comunismo ocurrió precipitadamente en Navidad: el día 23 de diciembre de 1989, Kohl y Modrow abrieron al paso de peatones la Puerta de Brandenburgo. Iniciaron así el camino efectivo de la reunificación. El 25 de diciembre de 1991, la CNN retransmitió en directo la dimisión de Gorbachov. La bandera soviética fue arriada en el Kremlin. Esa noche, Bush decretó el final de la Guerra Fría y durante las siguientes tres semanas empleó tres veces la palabra victoria. Formalmente, la URSS se había disuelto dos días antes.

Tres cuartas partes del libro del profesor Ricardo Martín de la Guardia, La caída del Muro de Berlín. El final del Guerra Fría y el auge de un nuevo mundo (La Esfera de los Libros, 2019), transcurren en los meses posteriores a la noche de autos.

Ocurrió de manera atropellada, improvisada, fruto de un desliz o un mal cálculo. Si bien el día 7 de noviembre había dimitido el Gobierno en pleno. La Asamblea Popular eligió a Modrow, de 61 años y alejado de los círculos gerontocráticos del partido, el hombre de Gorbachov en Berlín, jefe de Gobierno. El día 18, con el Muro ya en ruinas, Modrow nombró su Gabinete, destinado a precipitar la perestroika de Alemania del Este. Su primera medida fue suprimir la Oficina de Seguridad Nacional, acaso la mejor informada del continente y también la que más cantidad de documentación insignificante poseía sobre sus súbditos. La República Democrática Alemana constituía el paradigma de sociedad vigilada.

El 1 de diciembre, el Parlamento suprimió el artículo 1 de la Constitución, que «atribuía al SED (Partido Socialista Unificado de Alemania) en exclusiva el papel de dirigir la vida política y social de la RDA. Pocos días después, él Ejecutivo de Modrow, que incluía a miembros de diversos partidos reunidos en torno a un Frente Nacional, aprobó la orden de detención de Erich Mielke, ex jefe de la Stasi, y Willi Stoph, ex ministro de Interior y Defensa. El primero fue procesado por asesinato; el segundo, por corrupción.

Esa semana el SED celebró un Congreso extraordinario: asumió que ya no era el partido del Estado y renunció al estalinismo, burocratismo y centralismo. Sin embargo, Modrow paralizó su disolución -seguía vertebrando parte del Estado-. Martín de la Guardia relata con detalle el proceso de reestructuración de la formación, que se presentó como PDS (Partido del Socialismo Democrático) a las elecciones de marzo de 1990. De aquella votación salió un amplio gobierno de coalición. Gregor Gysi, un desconocido abogado de disidentes, fue el encargado de dirigir el partido «hacia el socialismo moderno».

En la calle, los manifestantes gritaban «Somos un pueblo», lema de la reunificación. No pedían sólo libertad y derechos civiles, sino disfrutar de la prosperidad de la RFA. La vía lenta y gradualista fue pronto sobrepasada, igual que el Programa de los diez puntos de Kohl, basado en el principio de «dos estados, una nación». Durante un año, una mesa de negociación impulsada por Modrow reunió a diversos líderes de la oposición al régimen comunista. Mientras, el nuevo PDS se desangraba y envejecía. De 2,8 millones de afiliados, pasó a 242.000 en 1991; en 1995 quedaban únicamente 123.000.

El día que cayó el Muro, Kohl estaba en Polonia, en vísperas de elecciones semilibres. Inmediatamente, voló a Berlín y, junto con el alcalde de la ciudad, Walter Momper, transmitió un mensaje de tranquilidad a los habitantes del Este: «Quiero deciros a cada uno de vosotros en la RDA: no estáis solos, estamos a vuestro lado. Somos y seremos una nación, estamos hechos para estar juntos».

Kohl telefoneó a Bush, Mitterrand, a Thatcher, a Krenz -Jefe de Estado de la RDA- y a Gorbachov. Entre tanto, regresó a Polonia, visitó Auswichtz y comenzó a planificar la reunificación. A la semana siguiente, tres millones de ciudadanos del Este visitaron a sus vecinos del Oeste. Kohl contó en seguida con el apoyo de Bush. Tenía que convencer a Gorbachov y salvar dos escollos: la reticencia de Thatcher y la de la OTAN. No fue fácil. Tras el visto bueno del dirigente soviético, el Consejo Europeo de Dublín, en 1990, aprobó y procedió a la reunificación. La minuciosa crónica del profesor De la Guardia no es sólo de la reunificación sino un episodio más de la construcción de Europa.

Por fin se desvanecieron los últimos rescoldos de la Segunda Guerra Mundial. Europa cerró su siglo más corto.


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