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Vikingos: ni usaban cascos con cuernos ni eran sucios

Vikingos: ni usaban cascos con cuernos ni eran sucios

Fecha: 2 Noviembre 2019 13:12

Los vikingos son, sin duda, una de las sociedades históricas que más atraen al público general y, sin embargo, es posible que sea también una de las que más mitos arrastra. ¿Sabemos realmente cómo eran? Aunque la respuesta es que cada día más, en parte gracias a libros como el recientemente publicado «Vikingos en guerra», de los historiadores noruegos Kim Hjardar y Vegard Vike (Desperta Ferro Ediciones), aún quedan por pulir algunos aspectos que se dan siempre como ciertos y que, en realidad, no lo son tanto.

1. Usaban cascos con cuernos

Probablemente este sea el mito más extendido sobre los vikingos y, a la vez, el más desmentido por fin en los últimos tiempos. Pese a que las imágenes de cascos con cuernos son una constante incluso en souvenirs en los propios países escandinavos, lo cierto es que ningún vikingo los usó. La arqueología nos ha dejado evidencias de yelmos de hierro más o menos elaborados (desde el clásico cónico con nasal hasta magnífico yelmo de Gjermundbu) propiedad de aquellos nórdicos más pudientes. Sin embargo, aquellos con menos poder adquisitivo habrían utilizado protecciones de cuero que, además de ser más asequibles, sobreviven peor al paso del tiempo y son complicadas de encontrar en los yacimientos.

Parece ser que la idea se popularizó en el siglo XIX a raíz del creciente interés por la literatura nórdica medieval que desembocó en la reedición ilustrada de algunas Sagas nórdicas, como la "Saga de Frithiof", o en la conocida ópera de Richard Wagner, "El ocaso de los dioses". En estas ilustraciones los vikingos portaban estos cascos que les conferían un aspecto más fiero y romántico.

2. Las mujeres vikingas luchaban igual que los hombres

Cuando nos estábamos despojando de los cascos con cuernos llegaron las mujeres guerreras para ocupar el trono del mito vikingo por excelencia gracias a –o por culpa de– series como "Vikingos" de History Channel.

Aunque en estas aparecen gran cantidad de mujeres guerreras, las llamadas "skjaldmær", y pese a que también son un personaje recurrente de la literatura nórdica medieval (en Sagas o en la Gesta Danorum de Sajón Gramático) la arqueología no nos ha revelado hasta la fecha más que algunos pocos ejemplos como el de la tumba Bj. 581 de Birka, en Suecia. Un ejemplo impresionante, eso sí.

La realidad es que la mayoría de la vida de las mujeres trascurrió en la granja, donde su papel era fundamental y crítico para la manutención y la supervivencia de la comunidad. También jugaron un papel crucial en aquellos territorios colonizados, como Islandia o Inglaterra y en los emporios comerciales a juzgar por el número de enterramientos femeninos que encontramos en estos.

La arqueología también nos ha mostrado que no luchar no les restó la posibilidad de alcanzar gran estatus dentro de la sociedad nórdica antigua tal y como atestiguan entierros como el barco funerario de Oseberg, perteneciente a dos mujeres del más alto rango y uno de los hallazgos arqueológicos vikingos más espectaculares de todos los tiempos.

3. Eran sucios y salvajes

Si nos ceñimos a nuestros estándares actuales sí, probablemente a los vikingos les hacían falta algunas duchas y algunos cuidados personales más. Sin embargo, para ser una sociedad primitiva y, especialmente si los comparamos con otros pueblos contemporáneos, tenían unas rutinas higiénicas y de vestuario bastante sorprendentes para la época.

En nórdico antiguo la palabra "laugardagur" significa «día de lavado» y era el día que los vikingos aprovechaban para acicalarse y lavar sus ropas. Se han encontrado en yacimientos vikingos sets de utensilios de higiene compuestos por bastoncillos para las orejas, pinzas o navajas. De hecho, uno de los objetos más comunes en todos los yacimientos son, para sorpresa de muchos, los peines. De hueso o asta la mayoría de ellos, podían llegar a estar ricamente elaborados, siendo un elemento decorativo y de estatus. Estos peines aparecen en tumbas nórdicas desde, por lo menos, la Edad del Bronce.

La literatura también nos habla de estas costumbres harto sospechosas para los cristianos del momento. En una crónica atribuida al abad John de Wallingford este se quejaba amargamente de que gracias a su costumbre de peinarse el cabello todos los días, de bañarse todos los sábados y de cambiar regularmente su ropa, los vikingos fueron capaces de minar la virtud de las mujeres inglesas casadas e incluso de seducir a las hijas de nobles para convertirlas en sus amantes.

4. El saqueo fue su principal sustento y forma de vida

Aunque por defecto asociamos a los vikingos con el pillaje y el saqueo, lo cierto es que no todos los escandinavos del periodo se dedicaron a ello y, ni mucho menos, fue su único medio de subsistencia.

Los nórdicos saquearon cuando las condiciones fueron favorables como medio de obtener riquezas fáciles y rápidas, eso es un hecho, no obstante, sus intereses fueron sustancialmente más amplios.

Muchos de ellos buscaban nuevas tierras donde instalarse, bien por motivos de cultivo o bien por motivos políticos al querer alejarse de la creciente jerarquización y centralización de Escandinavia, y se asentaron en lugares como Irlanda, Inglaterra, Islandia o Groenlandia.

Otros se dedicaron al comercio y la artesanía, importando y exportando sus productos en enclaves comerciales como Birka o Kaupang, llevando a cabo contactos comerciales que se extendían por todo el Báltico y la Europa del Este.

Otros se enrolaron como mercenarios al servicio del emperador de Bizancio y, la gran mayoría de ellos, fueron en realidad granjeros que no salieron de su comunidad durante la mayor parte del tiempo. La realidad es que el porcentaje de escandinavos que se dedicó al pillaje durante la Era Vikinga como guerreros a tiempo completo debió ser, cuando menos, escaso.

5. Eran brutos, pero se ha exagerado

Un inconveniente que tiene que los vikingos fuesen una sociedad prácticamente ágrafa es que, hasta la llegada de la arqueología, todo lo que sabíamos de ellos nos lo habían contado otros. ¿Quiénes? Aquellos que les sufrieron como enemigos, como visitantes indeseados, aquellos que fueron saqueados por los hombres del norte. Y los que, siglos después del final de la Era Vikinga, escribieron epopeyas literarias –las llamadas Sagas– para dejar constancia de un pasado heroico y legendarios.

Así pues, la imagen que la historia nos ha legado de ellos es una imagen brutal, pero algo distorsionada. No es que los vikingos no hiciesen muchas de las cosas que nos cuentan las crónicas, la cuestión radica en que no fueron los únicos y, sin embargo, el sambenito de letales y despiadados se lo han quedado ellos.

Entre los mitos que aquí podemos derribar está ese que dice que torturaban a sus enemigos practicándoles el águila de sangre o que bebían en los cráneos de sus contrincantes para celebrar las victorias. En cuanto al primero, consistente en desgarrar la espalda del enemigo vivo para extraer los pulmones y dejarlos colgando como si fuesen dos alas, lo más aceptado y probable es que se trate de una mala traducción de algún "kenning" (metáfora) usada en la literatura nórdica medieval que en algún momento dejó de comprenderse y pasó a engrosar la leyenda.

En cuanto al segundo, otro caso de traducción con poca maña. A principios del siglo XVII Olaus Wormius publicó su tratado "Runir seu Danica literatura antiquissima", (Runas: la más antigua literatura danesa), una recopilación de transcripciones de textos rúnicos en la que se podía leer que los danes (los daneses) bebían de los cuernos curvos que provenían de los cráneos. Para el que lo tradujo latín posteriormente, los daneses bebían de los cráneos de aquellos a los que habían matado y comenzaba un nuevo mito.


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